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En mi calendario ya tengo marcados los días que van sin tenerte a mi lado...
Y en mi piel tengo marcados tus labios...

21 feb. 2011

Primer intento

Cuando hablamos te enseño otra parte de mí que sólo dejo que tú escuches, que tú leas. Me convierto en la chica que piensa en ti, que se ralla por ti, que te quiere a ti. Y por otro lado está la chica divertida, la de las grandes paridas, la que escribe por todos y no sólo por ti. Cuando te hablo, porque normalmente tengo que hablar yo, siento que la primera le gana terreno a la segunda. El caso es que no saber qué quieres, hace que exista un desequilibrio entre las dos personalidades y hace que mi segundo yo desaparezca. Y lo siento así, siento que desaparezco cuando te hablo.

Me pones de mal humor cuando te vas y me dejas, no dejas a todos, me dejas a mí sin decir nada. Y luego vuelves, seguramente algo sonriente (es lo que más me gusta de ti, eso y tus ojos), me dices «te quiero» y esperas que nada cambie, que no pase nada. Pero, ¿sabes qué? Pasa que no te entiendo. Pero aunque no me digas nada desde hace mucho, aunque no te entienda, aunque tenga que ver cosas que no quiero ver, aun con todo eso, te quiero.
Cuando me decías que me querías y te creía, ya no había nadie más, sólo tú. Y ahora, ahora tengo mil historias con personas que ni quiero ni me importan, pero estoy con esas personas para sacarte de mi mente porque no contestas y parece que te da igual… porque a lo mejor, alguna de esas personas es la que debo encontrar y quizás alguna de esas personas me dé todo eso que tú no me das. Necesito que me digas algo, que me hables y que me digas que narices quieres. Porque yo siempre te hablo y te digo las cosas como las siento. No puedo ser yo siempre la que va más allá, porque si doy más pasos desapareceré. Sólo una cosa más: te quiero.

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