Visitante

En mi calendario ya tengo marcados los días que van sin tenerte a mi lado...
Y en mi piel tengo marcados tus labios...

28 feb. 2011

Un chupito de tequila

Un chupito de tequila por cada lágrima que derramé por ti todo este tiempo, otro por esa respuesta a mi carta que nunca llegará. Uno más por tu extraordinaria forma de hacer como si nada pasara, porque cielo, te mereces un Óscar.
Ni que decir que hay que tomarlo porque aunque este mes tenga 28 días, en un supuesto mañana cumpliríamos un mes desde ese "por lo menos tres años". Se me olvidaba que también deberíamos beberlo por todas esas promesas sin cumplir y por todas las expectativas rotas.
Un chupito de tequila por ese beso que me diste hace un mes en casa de una amiga, otro más por todos esos mensajes que me mandaste. Un chupito de tequila porque aunque hoy sea lunes me voy a coger un pedal de cojones.Y el chupito más importante de todos: este va por esa persona que ha dejado mi corazón por ahí rompiéndose. Va por mí también, porque después de todo esto no creo que vuelva a creer en mucho tiempo en esa mierda que todo el mundo llama AMOR, porque después de todo esto echo el cierre por reformas, porque después de todo esto... simplemente sé que querré una ronda más de chupitos de tequila.

27 feb. 2011

Ahora


Recuerdo aquellas noches de final de verano en las que me mirabas fijamente a los ojos y sentía que había algo imposible. Recuerdo que me ponías roja y empezaba a tartamudear, porque me ponías nerviosa. Y entonces me dabas un beso en la mejilla y me calmabas.

Recuerdo que un día nos dejamos de hablar sin más, que dejamos de jugar y entonces nos perdimos. Recuerdo una noche en la que alguien me dijo que si alguna vez terminaba con la persona con la que estaba entonces, acabarías siendolo que más me importara.

26 feb. 2011

Adicciones


"El caso es que la adicción nunca termina bien. Porque tarde o temprano, lo que nos haya tenido drogados… deja de hacer sentir bien y empieza a doler. Pero dicen que no mandas a la mierda al hábito hasta que caes en lo más bajo. ¿Pero cuándo sabes que has caído? Porque no importa cuánto daño nos esté haciendo algo. A veces dejarlo marchar nos duele más."

24 feb. 2011

Posibles supuestos

La mayoría de las personas viven aterrorizadas por lo que sienten. Tienen miedo de lo que en un posible futuro podría pasar si hicieran algo impulsados por sus sentimientos. Desde muy pequeños nos enseñan que no podemos dejar que nuestros sentimientos nos dominen con frecuencia; de hecho, si hacemos algo impulsados por ellos somos vistos como los "malos" y por ello la mayor parte de las personas crecen con una cierta tendencia a callarse lo que sienten, a guardar sus sentimientos y a esconder aquellos impulsos que podrían cambiar muchas cosas si en un posible supuesto llegaran a realizarse.

23 feb. 2011

760 palabras

Hace un par de semanas te decía que cuando hablaba contigo sentía que desaparecía. Esta semana, me toca decirte que siento que me estas rompiendo. Me rompes cuando hablo contigo porque me tengo que tragar todo lo que siento para no cagarla, para que no te vayas. Me rompes y haces que mi Yo malo salga de nuevo. Y no quiero volver a ser una mala persona porque la mala persona que era ya la he dejado atrás. Me estoy cansando de que me rompas en todo momento, me estoy cansando de todo esto porque me he pillado por ti pero hay otra persona estupenda esperando a que le dé una jodida oportunidad para demostrarme que es lo que necesito. Y pasa que no puedo darle esa oportunidad porque te quiero a ti y necesito tiempo para sacarte de mi vida. Lo triste es que tenga que hacerlo.


Hace relativamente poco tiempo yo era una persona con planes. Me había pillado y eso hizo que yo cambiara. Quería despertarme todos los días con la sonrisa de mi chica y que nada me importara tanto como su felicidad. Quería enseñarle lo que era, lo que me gustaba, lo que me enfadaba. Quería mirarla a los ojos y saber que era ella todo lo que necesitaba. Pero algo cambió y mis planes desaparecieron. De pronto un día de junio apareciste tú y mis planes volvieron. Pero no eran los mismos. Me volví a pillar, me estaba pillando y me rompiste. La elegiste a ella, decidiste elegirla y mis planes tuvieron que desaparecer.

21 feb. 2011

Primer intento

Cuando hablamos te enseño otra parte de mí que sólo dejo que tú escuches, que tú leas. Me convierto en la chica que piensa en ti, que se ralla por ti, que te quiere a ti. Y por otro lado está la chica divertida, la de las grandes paridas, la que escribe por todos y no sólo por ti. Cuando te hablo, porque normalmente tengo que hablar yo, siento que la primera le gana terreno a la segunda. El caso es que no saber qué quieres, hace que exista un desequilibrio entre las dos personalidades y hace que mi segundo yo desaparezca. Y lo siento así, siento que desaparezco cuando te hablo.

20 feb. 2011

Mundos y hojas de papel

Locuras que jamás me atrevería a decir en alto. Y mirar el mundo de otra forma cuando tú por fin te decidas a mirarme a los ojos. Tú que eres la locura más grande de todas, por la que hubiera movido cielo y tierra. Sólo por ti, porque tú eras el motivo que me movía entre la desesperación de ser o no ser... aquello que éramos. Vivir es lo único que me queda sabiendo que tal vez nada cambie ahora, que todo se ha perdido en tus ojos y en los míos...

Locuras que te hubiera susurrado a al oído. Y poder darte un beso a media luz. Suponer que sólo se quedará en la mente... será mi forma de decir que pudo haber algo, aun cuando sé que no debería pensarlo. Porque siento el fin del mundo cuando te pienso. Porque es una locura... locura es quererte a través de mundos y hojas de papel.

19 feb. 2011

El dolor


Hay momentos en los que la gente nos para el tiempo. Sentimos que el aire ya no hincha nuestros pulmones y, en los casos extremos, el corazón deja de latir durante unos segundos. Todo se ha parado en ese momento y lo único que nos preguntamos es: «¿Por qué?» Cuando esto pasa por algo que nosotros mismos consideramos como algo bueno, deseamos seguir así, sin la necesidad del aire o de los latidos del corazón porque nos sentimos demasiado a gusto al olvidarnos de nuestro propio peso. Pero cuando es algo malo, nos sentimos pesados, nos ahogamos aunque sólo hayan pasado unos segundos y es como si incluso respirar doliera, y sin embargo tenemos que hacerlo si queremos vivir. Todo se para demasiado tiempo y nos duele como si nos estuvieran dando una paliza entre veinte de la que no podemos defendernos y no podemos hacer nada más que mantenernos en pie. Y cuando todo acaba, cuando ya sólo nos queda respirar con normalidad tumbados en el suelo, sigue doliendo, y hacemos que todo vuelva a nuestra mente a velocidad normal. Cuando todo va bien, deseamos que no se acabe nunca; inevitablemente la idea de no necesitar todo un mecanismo complejo para vivir, nos atare. Cuando las cosas van mal, deseamos que pase rápidamente, que deje de dolernos para poder vivir con todo ese complejo mecanismo.

17 feb. 2011

Hay noches...


Hay noches en las que apenas puedo dormir. Me duermo, pesadilla, me despierto… y así sucesivamente. Demasiadas cosas en las que pensar, demasiadas...

Lo que más me jode es tu recuerdo. Me jode porque ahora es como si no supiera vivir si no es a tu lado, es como si no pudiera ver el mundo si no es con tus ojos, es como si no existiera nada antes de que aparecieras. Y me jode. Es tan simple la forma en la que haces que me enganche a ti, que me resulta estúpido.

Es tan absurdo cómo hay noches en las que lo único que intento recordar es tu sonrisa y tus ojos, en las que intento recordar cada milímetro de tu cuerpo que recorrí con mis manos, en las que intento recordar el sabor de tus labios… y es como si pudiera tenerte otra vez a mi lado, otra vez junto a mí, con tan sólo cerrar los ojos.


"No quiero necesitarte...porque no puedo tenerte"  
Eso te diría mil veces a ti por teléfono, y otras mil a mí en mi cabeza para confirmar que esto es todo una locura que no somos capaces de cortar por lo sano. ¿Pero de que nos serviría cortarlo? Siempre estarían las conversaciones guardadas, los comentarios, los privados, las noches hasta las tantas y todas las cosas que "odiamos" de la otra haciendo que todo sea posible, haciendo que sea real. Y sí, te odio por hacer que cada día por las mañanas piense en ti, por hacer que cuando veo a aplatanados por Madrid siga pensando en ti, por hacer que te haya enviado mi bandera, por hacer que pierda el norte totalmente al escribirte esto... y sin duda por lo que más te odio es por hacer que te quiera como te quiero ahora.

Alguien

-Una vez conocí a una Persona muy… especial. No sabía nunca que era lo que quería... hasta que se pilló. Se puede decir que esa Persona era un caso extraño de embotellamiento compulsivo en sí mismo. Pero sinceramente, creo que ese no era su único problema... Se consideraba mala persona, era algo que le comía mucho el coco, había veces que incluso no podía dormir noches enteras dándole vueltas a ese pensamiento. Dos intentos de suicidio, varios comas etílicos, coca a montones y algunas cosas sueltas más de las que me llegué a enterar, son algunos de los motivos por los cuales no se consideraba buena persona. Sin embargo, llevaba una vida normal con muchos de sus amigos y su familia. Aunque es cierto que hay algunas personas que saben llevar bien eso del dolor sin que nadie lo note. Bueno, a la Persona, según yo, le faltaba algo, un motivo para sentirse una persona completa, y en realidad, más que algo, alguien. Sí, sí, alguien a quien cuando miras sientes que lo tienes todo y no necesitas más… alguien con quien despertarse por las mañanas y que sea lo primero que ves… alguien que esté ahí cuando sientes que todo va mal, pues eso, alguien. Y después de mucho tiempo llevando ese tipo de “vida”, encontró a Alguien.

16 feb. 2011

El último

Nunca sabemos cuándo será el último beso con esa persona. Siempre pensamos que habrá más y no le damos importancia. Pero a veces si todo se va a la mierda demasiado deprisa y preguntas a las personas cómo fue el último beso con su ex, el 95% responderán que no se acuerdan. Pues digamos que yo pertenezco a ese 5% que sí que lo hace, y aunque lo lógico sería “alegrarse” en cierto modo por ello, a mi me mata cada vez que recuerdo la última vez.

-Te quiero
-¿En serio?
-En serio…
-Yo también a ti…

Ya había olvidado porqué me enamoré de ti hasta que llegó el día del último beso. Recuerdo que ese día me miraste a los ojos y sabías lo que quería, después de todo, no somos personas a las que les guste hablar. Luego te abracé y te dije al oído, muy bajito, que te quería. Me abrazaste más fuerte y me dejaste sin respiración. En ese momento volvía a mi mente los recuerdos de tantos meses y recordé las tardes en las que me esperabas en Embajadores para irnos a casa, cuando apoyabas tu cabeza en mi hombro y te dormías y el pensar que no era lo suficiente buena persona para ti, porque después de todo, tú fuiste quién me recompuso cuando yo estaba rota, tú hacías que me sintiera mejor persona. Y te diste cuenta de que, como siempre, estaba pensando demasiado, así que como siempre, hiciste que dejara de pensar con un beso. Eran las 22:18 del 15 de julio de 2010, todavía no quería que te fueras y mi habitación estaba en silencio. Olías a Amor, Amor y llevabas puesta esa camiseta que te regalé cuando cumplimos 3 meses que te sentaba tan bien, unos pantalones cortos negros y unas sandalias que te ayudé a escoger un día que fuimos de compras. Y cuando consideraste que ya había dejado de pensar, separaste tus labios de los míos, me miraste de nuevo y te tumbaste en mi pecho para escuchar si mi corazón latía. Y lo hacía, lo hacía tan aceleradamente como aquellos días de diciembre en los que había perdido totalmente la cabeza por ti. Me apretaste la mano y me besaste otra vez, pero fue un beso rápido, de los normales… como si fuéramos a hacerlo más veces.

Lo necesito, te necesito

Cuando creo poder tenerte en mi mano, te escapas tan rápidamente que no me basta decir que en un abrir y cerrar de ojos ya has huido. Eres completamente impredecible. Porque cuando lo lógico es que salgas por el norte, tú, contracorriente, sales por el sur y me dejas sin palabras. Y por primera vez sentí que no existía las palabras cuando te vi venir hacia mí aquel viernes por la tarde en la Universidad, con una mano en el bolsillo de tu pantalón y la otra diciéndome “¿eres tú… de verdad lo eres?” y mirándome de reojo con una sonrisa en los labios. Lo mejor de todo es tu sonrisa porque no es exageradamente positiva ni negativa, es tu sonrisa… simplemente única.

15 feb. 2011

Te tengo a las seis

Buenos días (me sonríes)... ¿Ya estás mejor? (tú contestas) Me alegro (silencio)... Bueno, hasta pronto... (me doy la vuelta, doy dos pasos, pero luego regreso hacia a ti) ¡Eh! Espera, no te vayas... Esto... He pensado que era buena idea decirte que hoy es un día soleado. Así que deja ya de creer que está lloviendo. Porque hoy es un día soleado. El cielo está despejadísimo, ya no hay más tormentas. Vive, por favor, vive. Porque no es fácil verte así. Es más, no me creo que te esté viendo así. No soy nadie en tu vida, lo sé. Perdí el derecho a decirte nada hace algún tiempo... pero ahora mismo, creo que te tengo a las seis. (Más silencio) Lo siento, y bueno ahora sí, hasta pronto. (Me detengo, pero no es por mí, sino por ti) Oye, esto no es una buena idea, pero tampoco puedo detenerte ahora. (El silencio ha terminado en tus manos).

Días

Hay días en los que puedes pensar que es mejor quedarse en la cama. De la cama al sofá y del sofá a la cama. ¿Para qué más? Son los típicos días en los que todo va al revés. La verdad es que hay personas que viven todos los días al revés, o al menos eso dicen. Sólo hay una cosa buena de vivir los días al revés: en cuánto vives más de dos días así, te acostumbras al ritmo y los días siguientes, son menos… difíciles.
De pronto pasamos de correr a caminar, y caer significa levantarse. Una lágrima produce alegría y el desaliento, fuerza. Sí, todo es cuestión de acostumbrarse. Pero nos cuesta. Claro, es fácil acostumbrarse a una pelea sin fundamentos o al silencio compulsivo… pero no es fácil acostumbrarse a caer por la derrota, a sentir el fracaso, al sinsentido. Las personas que se acostumbran a eso crean la común burbuja de… vidrio, si fuera de cristal sería mucho más frágil. Dentro de esa burbuja crean el mundo, su mundo y se comienza a experimentar el no sufrimiento ajeno, el no sentimentalismo.

14 feb. 2011

Me faltas

Hay días en los que me levanto y siento que me falta algo. Bueno, en realidad, siento que me falta alguien.

Es curiosa la forma en la que alguien entra en tu vida y de pronto… se hace imprescindible. Se convierte en eso que necesitas ver, tocar, sentir… y en mi caso, lo único que puedo hacer es recordar.

Es increíble como tres días hacen que las cosas imposibles se vuelvan reales. Tan real como que estoy en un parque jugando sin que nada importe, o en un coche de su mano volviendo a casa, o en medio de calles que no conozco pero me las enseña con una sonrisa... tan real como que duermo en su cama abrazándola.

¿Casualidad?

Buenas noches te digo siempre. Caminamos un rato. Una fiesta increíble nos espera. Pero no quiero estar ahí, creo que tengo suficiente con estar contigo. Poco a poco la noche se disipa cuando estamos a punto de hablar… después de más de dos horas en silencio. Lo único malo del silencio es que habla más que tú. Lo único bueno del silencio es que es algo que nos gusta a pocos. ¿De verdad necesitamos las palabras para expresar lo que sentimos? Yo creo que no, por lo menos creo que a ti y a mí nos sobra el hablar. Dos copas vacías, dos personas desconocidas. Te miro, pero no te reconozco. ¿Cómo has podido cambiar tanto? Podría preguntártelo, pero prefiero el silencio. Necesitamos el ruido de la melancolía. Tengo ganas de otra copa. Me detienes, cogiéndome la mano y luego me la aprietas. Dudo que sea buena idea arriesgar romper el silencio, las barreras. ¿Debería arriesgarlo? Tiraré una moneda de cinco céntimos al aire; si sale cara, arriesgaré, si sale cruz, pasaré… ¡Mierda! Ha salido cara. Me llamas por mi nombre, cómo no lo hacías desde hace mucho, mucho tiempo, y me siento a tu lado. Es curioso como a veces sólo basta con una palabra para destrozar tantos muros.

Sin palabras para ti

Más de un año. Ha pasado más de un año sin darme cuenta. Claro que me he dado cuenta. Nunca. Siempre. Todo. Nunca quise que pasara eso. Siempre has estado en mi mente. Todo lo que hubiera querido era parar el tiempo. Sí. Menuda locura. Cuando dijimos adiós ya sentía que todo se rompía en trozos cada vez más pequeños. Hace más de un año, una noche como puede ser la de hoy, creo que en lo único en lo que pensaba era en lo que pudieras responder, o quizás en la ausencia de tu respuesta. ¿Y si no hubiera ido? ¿Y si no te hubiera conocido? ¿Qué habría pasado si ni si quiera te hubiera saludado? Nos habríamos ahorrado muchas cosas, seguro. Recuerdo ponerme de los nervios esa noche, perder el control y tirar todo… por la borda. Caer. Una, dos, tres veces. Deseos de odiarte, pero era una estupidez intentarlo.
La imposibilidad se aferraba a mí. “Imposible”, es una palabra bonita, te la dedico a ti. ¿Por qué? Porque me demostraste que era imposible que intentara quererte. Porque me enseñaste que era imposible tomarme tus palabras en serio. Porque eres imposible de acceder, como una fortaleza, así eres. Aunque eras así, por lo menos antes me dejabas pasar, con un chupa chups durante los recreos y me dejabas cogerte de la mano y decirte las cosas más tontas del mundo.

13 feb. 2011

Recuerdo

 «¿Enamorarme yo? Eso es tan posible como que los cerdos aprendan a volar mañana». Bueno, hay veces en las que no se puede evitar pensar que es el fin del mundo cuando estás con alguien y le miras directamente a los ojos... ¿De verdad he dicho lo que he dicho? En fin, desvarío, efectos secundarios de la literatura. Y una amiga dice «Es súper bonito cuando quedas por primera vez, sales del Metro, le ves ahí esperándote por lo menos desde hace cinco minutos y empiezas a ponerte de los nervios». «¡Oh, qué tierno!», claro, es lo que tienes que decir... ¿Por qué enamorarse? «Porque te sientes mejor.. no sé es algo que se siente... te sientes ¡especial!» Jajaja. Pavadas.



867A

Despertarse por la noche y no encontrar más tus manos. Sentir el vacío en mi cama, que no estás más. Entonces empezar a recordar aquellas noches en las que dormía abrazando tu perfume de Amor, Amor y todas las veces que me decías al oído «Te quiero» se convierten en un susurro cada vez menos audible. Los abrazos se quedan justo donde los dejabas, entre mi corazón y tus manos… espacio ahora avocado al vacío. Y por mucho que he tratado de que no se acabe, es imposible intentar detener lo que parece inevitable… al final ocurre. Un recuerdo vuelve a azotar mi mente, son tus manos frías sobre mi espalda dibujando corazones al despertar.

12 feb. 2011

PequeñaRubia...


Érase una vez una chica. La historia de la chica, a decir verdad, me la sé a cachos. No me quejo. Es genial cuando unes los pedazos de un cuento y te das cuenta de muchas cosas que si te las dijeran tan fácilmente no sería tan… emocionante.

Es del tipo de chicas que no le asustan demasiadas cosas. Si mal no recuerdo uno de sus miedos es tener que coger un avión. Y una gran virtud suya es que te hace reír incluso cuando no quieres. Es una chica que, a mi parecer, es de las que lucha hasta el final por lo que quiere, que se cabrea cuando tiene que cabrearse, que llora poco delante de todos, que se ríe con la vida. Es de esas pocas chicas que quedan y puedes llegar a pensar que en verdad es única.

No más miedo

Un beso a media luz. Sin ojos que vean el miedo que sentimos entre vagón y vagón. Caminas despacio a mi lado, y es real, lo haces con una sonrisa en los labios, muy tímida sonrisa. Sólo sé que siento miedo de echar a perder la magia de la situación: tu cabeza sobre mi hombro y tu mano cogida a la mía. Un minuto así… hasta romper el silencio con un absurdo «Gracias», al que respondes con un beso en la mejilla… y de nuevo, silencio.No has dejado de jugar con mi mano, y tal vez sólo sea eso: un juego. ¿Sólo eso? Para nada es sólo eso. Es un cúmulo de sensaciones que estalla cuando te veo, con ese brillo especial en los ojos, tan feliz, tan feliz que consigues cambiar mi día por completo, y es sentirte de verdad ahí y preguntarme si de verdad te he encontrado, si de verdad merezco haberte encontrado… y te das cuenta de que estoy pensando demasiado y me das un beso, esta vez más cerca a los labios y te acercas a mi oído y me dices «No lo pienses, sólo vívelo».

11 feb. 2011

La estilográfica de sus estaciones

Querer y no poder. Querer comprenderte un poco más, pero no poder hacerlo por la sublimidad de tus palabras, la magia con que las vas diciendo es única, simplemente tuya. Tú, sólo tú. Y aún cayendo la lluvia escribirías tú las líneas más hermosas que jamás podría leer, y ojalá pudiera, ojalá Él quiera que nos encontremos más veces. Él, inspiración entre todas las inspiraciones, por la que seguramente tú también escribes. Te veo por fuera con la tranquilidad que te caracteriza, con esa aura misteriosa que se niega a desaparecer del todo cuando te encuentras a mi lado, que no me deja conocerte, con la mirada en el infinito y las manos al aire, que parece que no te toca. Pero me es imposible ver tu interior, me resulta complicado, tal vez por mis estúpidas ganas de comprenderlo todo, quizás porque en el fondo ni si quiera te conozco.

10 feb. 2011

Caminar en sentido contrario


¿Te acuerdas? Caminaba en sentido contrario y te encontré de nuevo, pero al lado de otra persona, a quién podría haber odiado siempre. Pero es así como tenía que ser, o al menos eso debíamos pensar. Tú alejándote cada día más para no hacernos daño, para que me olvidase de ti aunque eso tuviera el inconveniente de sufrir inevitablemente, yo intentando sacarte de mi vida para siempre aunque pensé que el «siempre» se convertiría en «nunca», porque desde el primer beso deseé que fuera «siempre» y de tanto desearlo entonces no pude ni intentar lo contrario.

Recordar aquellas noches en las que no dormía por miedo a que te fueras, me abandonaras y dejaras a mi corazón hecho pedazos, pero resultó que fue una tarde cuando todo quedó suspendido en el aire, flotando. Ir a la cama pensando en ti, en que olvidaste darme las buenas noches ese día, en que al día siguiente despertarías y no tendrías mis ojos mirándote, ni mis manos sobre las tuyas, ni mis labios diciéndote que te querían. Todo mi yo hubiera sido tuyo siempre, aunque no quisiera, aunque no quisieras.

Promesas olvidadas. Olvidarse de aquella tarde en la que prometimos no contar el secreto de las gotas de lluvia, o la vez que te prometí bajarte una nube para que durmiésemos en el cielo, lejos del ruido, donde nadie nos encontrara. Todo perdido en la mirada de tu alma, que no me dejabas ver ya como antes, antes de terminarlo todo. Promesas que nunca volveré a decir a nadie porque sólo te pertenecen a ti, a ti que nada te di más que mi yo, mis promesas, mi amor.

Imaginamos entonces que no existía el tiempo ni el espacio. Que sólo estábamos tú, yo y nuestras ganas de querernos. ¿Me hubieras dicho que ya no podías estar conmigo? ¿Te hubieras atrevido a no mirarme a los ojos? ¿Hubieras sido capaz de negar que me querías? Yo creo que no hubieras podido, porque aunque no me mirases a los ojos, yo si lo hacía y veía que no podías, que tenías tantas ganas como yo de volver a caminar de tu mano, de dejar nuestros nombre en los árboles, de esos paseos que acababan en el portal de tu casa y un beso interminable. Si ni tiempo ni espacio hubieran existido, te habría tapado los ojos, te habría guiado hasta nuestro rincón secreto. Entonces te habría besado de nuevo y prometido no volver a alejarme nunca más de ti, que te habría llevado al país de la lluvia y susurrado al oído todos sus secretos para así alejarnos de todo aquello que nos hacía daño, empezar de nuevo, una vez más, pero para siempre, porque eso quería contigo, un «para siempre», un «eternamente», un «hasta nunca». Dejar de no dormir para cuidar tus sueños, a no dormir para hacerte el amor, darte hasta el último de mis alientos, regalarte mi vida y más. Pero todo se quedó en la imaginación y la no realidad que mató las ilusiones que un día construí contigo. De ahí que caminase en sentido contrario y te encontrara al lado de otra persona a quién yo podría odiar siempre.

9 feb. 2011

Deseos

Nunca sabes cuando un deseo puede hacerse realidad. No puedes creer que se cumplirá hoy, mañana, en una semana, en un mes, en un año… sólo confías en que tal vez algún día ocurra.

Deseas muchas cosas. Deseas cosas como aquel Audi A4 que viste el otro día paseando por ahí, o ese piso que está en venta en el centro que incluso te pasaste a ojear; deseas cosas como un simple aprobado en aquel examen imposible o que no te dejen hasta arriba de papeles en el curro; deseas un día para descansar y olvidarte de todo y de todos… deseas desde las cosas más banales hasta las más simples. Por pedir, que no quede ¿no?

Deseos: ¿cuántas veces los pedimos? ¿Cuáles importan de verdad? Y la pregunta más importante: ¿de verdad crees en tus deseos? Porque puedes desear mil cosas, sí. Pero si no crees en ellos de nada sirve ilusionarse, de nada sirve pedirlos.

8 feb. 2011

No puedo

No puedo.
No puedo levantarme de la cama sin que no me duela nada. Porque siento que me han dado la paliza de mi vida con sólo decir unas cuantas palabras... unas palabras que me alegro de no haber oído sino visto. Por el simple hecho de que mi mundo se desmoronaba mientras leía con atención lo que tenía que decirme. Y si escuchaba su voz... me hubiera roto aún más.
No puedo ver que las cosas vayan mejor a partir de ahora aunque todo el mundo me lo haya repetido hasta la saciedad. Siempre se dice eso cuando alguien te desgarra, te destroza... te rompe. Pero en verdad, nada sirve cuando pasa eso porque hay veces que daría lo que fuera por ver en mi monitor que en la ventana del Messenger que tengo abierta (aunque no le diga nada), está ahí su nick y al final un "está escribiendo"...
No puedo creerme del todo que haya pasado. No puedo creerme que hayamos puesto un punto y final, que se acaben las conversaciones hasta las tantas, que no vea más en mi móvil un mensaje sin leer que sea suyo, que destruyamos las ilusiones y los sueños... Porque al fin  al cabo, ella era eso... era mi estúpida sonrisa en frente de un monitor, mi sueño atroz por las mañanas, mi pensamiento favorito. 

Cuando...


Cuando menos te lo esperas, tu pareja deja de amarte. Excusas para evitar atarse a alguien, curioso ¿no? Cuando por fin decides avanzar, dar un paso más, es demasiado tarde y aunque intentas cambiar tu forma de ser, ya todo ha terminado… de momento. Y sientes como si fuera el fin del mundo. Vas a la cama y pones la primera canción triste que pillas en el móvil, para hacerte sentir peor. Sin embargo, no lo sabes… aunque haya terminado, sigue pensando en ti, tal vez. A lo mejor está como tú, en la cama pero con helado de chocolate, para las penas de las personas más corrientes, lo mejor. Te quedas dormido con la almohada empapada por todas las lágrimas que aquel/aquella imbécil te ha hecho derramar, sin taparte con las sábanas que ahora echas de menos porque aunque no lo sabes, estás temblando de frío. Antes de dormirte, todas las cosas que “jamás” olvidarás pasan por tu mente, despacio. Piensas que todo irá mejor mañana. Y al día siguiente, te despiertas con un sms sin leer en el móvil, pero decides que es mejor quitar ese aviso y mirar la hora, es más de mediodía. Mientras comes recibes un sms más, «Malditas promociones» es lo que piensas, y te acuerdas que tienes otro sin leer…de esa persona y una sola palabra que te alegra el resto del día: «Perdóname». Y ves que todo ha sido más bien como una pesadilla… repentinamente sientes que debes mirar por la ventana, y ahí está, en la moto, esperando por ti. Cuando bajas, lo único que escuchas mientras sus brazos te envuelven es «Nunca podría separarme de ti, ni si quiera podría quererlo, te quiero». Entonces, subidos en la moto desaparecéis del mundo durante unas horas, donde nadie puede encontraros, sólo vosotros...

Cuando menos te lo esperas, no sabes cómo, pero has perdido a un amigo. Quizás sea porque os veis poco, tal vez porque cada vez habláis menos o simplemente porque sentís que habéis cambiado tanto que no sois capaces de reconoceros. Cuando acaba sólo porque no habláis, es más fácil olvidarse incluso de que existe. Pero cuando termina con una discusión por lo diferentes que sois ahora, duele mucho más. Te bajas al parque en el que solíais quedar y comer pipas. Masoquismo puro y duro, te sientas en el banco desde el cual las personas mayores os decían que os sentarais en condiciones. Por un momento te ríes en tus adentros, y ves que todo lo vivido ha sido bueno. Se te empañan los ojos y una lágrima indecisa acaba descendiendo por tu mejilla. Han pasado ya varios meses, es tu cumpleaños. Alguien está esperando a que abran el portal para colarse dentro, y le llega su oportunidad; entra y sube hasta tu casa, toca el timbre y desaparece, no sin antes dejar un paquete en el suelo, donde tú lo ves envuelto cuidadosamente y sobre el cual, hay una pequeña tarjeta. Una frase escrita con su letra, ya sabes quién es «Espero que sigas siendo tan feliz como yo te vi durante todos estos años». En el paquete hay una camiseta, la suya que tanto te gustaba y que alguna vez te prestó, una entrada para el concierto del grupo ese que tanto os gustaba y, cómo no, las Ray Ban que nunca te devolvió después de aquel verano que pasasteis juntos. Otra vez, malditas lágrimas… el día del concierto, está ahí, en el portal, sonriente… y os dejáis llevar por la situación, un abrazo. Y empezáis a contaros vuestras batallitas de camino a perder la voz en el concierto…

Cuando menos te lo esperas, todo cambia de sentido… y sientes cómo que todo lo que has hecho no sirve para nada. Unas horas más perdidas sin razón, por lo menos ahora. Quizás ni si quiera te habías levantado con las fuerzas para ganar al día y sencillamente te abandonas nada más posar tus pies en el suelo frío porque las zapatillas de andar por casa están a saber dónde, y entonces decides que ya no es un buen día, en absoluto. El primer pronóstico, según tú, no se equivocaba, porque cuando llegas a clase ves que en la carpeta no está el trabajo tan importante que tenías que entregar ese día, vituperas tu suerte. Historia «Genial…» es lo que piensas, una suerte que no pueda oírte porque si no ha saber lo que haría con tu nota, no muy espectacular, pero lo suficientemente buena como para no tenerte en la zona de peligro, aún así no ocurre lo mismo con una de tus asignaturas “favoritas” y cuando llega la hora de saber que ha pasado con tu examen, alguien importante para ti, una amiga con la que quizás te gustaría hablar más, te pide que te sientes a su lado, quiere que estés a su lado, «¡Magnífico!», hasta que te llama esa voz que tanto odias y temes al mismo tiempo, ves el motivo por el cual todo cambia de sentido. Te cabreas, sales de ahí con un fuerte portazo y huyes, te odias a ti mismo por no poder hacer más de lo que haces. Das un puñetazo a la pared, luego otro y así hasta diez, cuando ves tu mano, ya roja y rasguñada por los ladrillos. Subes “tranquilamente” sin que la persona que estaba a tu lado se dé cuenta de pasas por ahí. Sigues odiándote. Y cuando llegas a tú clase, donde ya no te puede ver, recuerdas que quería estar a tu lado, sin que tú se lo pidieras, por su propio pie. Ya no te odias porque sabes que te quiere, y eso te da fuerzas, te das cuenta de que después de todo, aunque haya cambiado de sentido, no es tan malo, así has descubierto que a esa amiga le importas un poco más de lo que tú pensabas, y eso te hace feliz.

Cuando menos te lo esperas, puedes dejarlo con tu pareja, puedes perder un amigo o simplemente sentir que tu día no es el mejor. Tal vez tu pareja no vuelva contigo, tu amigo no regrese nunca o puede que tu día no mejore… pero cuando menos te lo esperas… algo puede que lo cambie todo, para bien, y por eso no debes darte nunca por vencido y ver todo gris.

7 feb. 2011

Ella

Por entonces la conocía por comentarios, tenía ganas de encontrar el valor para saludarla y algo quiso que nos encontráramos en el lugar menos esperado, pero aun así me dejo ver su sonrisa, su sonrisa encantadora. Al poco tiempo descubrí que era una persona distinta, mucho más distinta de lo que jamás habría imaginado.

Con pocas palabras me fui acercando y vi que era demasiado tarde como para no sentir el roce de sus alas. Cada día un encuentro en los andenes, cada día una sonrisa en los pasillos.

C'mon


Ojos claros de una realidad que nos engaña. Tus ojos son oscuros como las noches estrelladas de invierno, porque es inverno lo que te gusta ser. Ser frío que se cala en los huesos, hacer como si el frío fuera un impedimento para llegar al fondo de tu ser. Te gusta ser noche en la que se camina a ciegas, para no ver lo que se esconde; sin embargo, es una noche estrellada, porque aunque quiera esconderse, las estrellas son las pistas que me llevan un poco más hondo dentro de su ser.

Siento navegar en ti, siento si te descubro porque sé qué prefieres ser impredeciblemente tú. Yo también soy noche, pero mi noche es diferente, nublada, sin estrellas, con demasiados caminos en los que te puedes perder.

Somos rectas que se cruzan. A veces, sólo cuando somos noche nos encontramos y somos capaces de darnos cuenta de que estamos ahí. Aunque yo estoy ahí siempre desde mi noche viendo cómo te ocultas, siendo impredecible.

Eres noche pero también eres mar. Eres mar que deja ver desde tus ojos. Es mar en el que un solo ser llega a la isla de tus pupilas y descansa allí. Y sólo entonces te dejas ver, sólo a él te muestras cómo eres. Al mundo entero intentas engañar creyéndote la mentira que cuentas, esa mentira que sólo algunos no creen, que yo también he visto como mentira.

Envidia siento de aquellos que han sostenido tus manos. Ese punto es el que todavía no he visto, que aún no he sentido ni su calor ni su frío, ni su vitalidad ni su cansancio. Sólo tus ojos… aquellos que aunque no me miren, siento la luz de sus estrellas cegadoras de su noche cuando los encuentro en los pasillos, en nuestras noches, callada, siempre callada. Impredeciblemente tú.

                                                                                            Título desconcertante y sin sentido C’mon