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En mi calendario ya tengo marcados los días que van sin tenerte a mi lado...
Y en mi piel tengo marcados tus labios...

13 feb. 2011

Recuerdo

 «¿Enamorarme yo? Eso es tan posible como que los cerdos aprendan a volar mañana». Bueno, hay veces en las que no se puede evitar pensar que es el fin del mundo cuando estás con alguien y le miras directamente a los ojos... ¿De verdad he dicho lo que he dicho? En fin, desvarío, efectos secundarios de la literatura. Y una amiga dice «Es súper bonito cuando quedas por primera vez, sales del Metro, le ves ahí esperándote por lo menos desde hace cinco minutos y empiezas a ponerte de los nervios». «¡Oh, qué tierno!», claro, es lo que tienes que decir... ¿Por qué enamorarse? «Porque te sientes mejor.. no sé es algo que se siente... te sientes ¡especial!» Jajaja. Pavadas.




«Recuerdo esa sensación tan extraña cuando me despertaba con ganas de ver su sonrisa, sus ojos... y entonces me miraba con esas dos noches de sentimientos inexplorados... y me mostraba esa luna de cuarto creciente perfecta. Eran segundos de silencio hasta que me daba los buenos días... con un beso. Siempre que lo hacía, eran buenos. Salía de la cama con energía, casi saltando y se dirigía al armario, para empezar a revolverlo entero, mientras yo miraba y luego iba a la ducha. Agua caliente para empezar el día, porque aún hacía frío. Un poco de champú, jabón, acondicionador... et voilà! Al salir de la ducha con la toalla en la cabeza, descubrir un corazón dibujado en el cristal empañado del espejo.
Un beso rápido más antes de terminar la semana, como todos los lunes, y no me cortes, porque lo he dicho bien, ¡terminar!. Joder, no me ha dado tiempo de decir "te quiero", pero lo sabe, eso seguro. Escuchaba cómo la puerta de mi casa se cerraba, lo que significaba que se había ido ya, cuando aún estaba tomándome los últimos sorbos de café. ¡Vaya mierda!, tener que esperar cinco malditos días para volver a sentir esas cosas tan extrañas que me hacían sentir bien. En el pasillo veo nuestra foto en el Retiro, de ese día en el que me decidí a decirle que me gustaba mucho. Siempre que miraba esa foto llegaba tarde al instituto. Las semanas eran lentas, mucho más que eso, eternas, cuando me paraba a calcular cuánto más faltaba... cuantos días más. Y es que cuando estaba a su lado, me sentía no sé... mejor persona. Dejaba de ser tan Yo, para ser Nosotros, para ser la persona que necesitaba, o por lo menos intentarlo. Creo que nunca se lo dije. Me cago en todo, tenía que habérselo dicho. Mirar el mundo con sus ojos era especial, era cómo mirarlo con ojos de niño. Y sus juegos, vaya cosa... siempre que podía se inventaba alguno. Joder echo de menos todas esas cosas. También me despertaba a las tres de la mañana porque me sonaba el móvil, lo veía y su nombre estaba ahí. Hablar, hablar, hablar y hablar de temas absurdos. Era genial, sí. Pero lo que más me gustaba de todo, ¿sabes que era? Pues era encontrarnos los viernes en Sol, en el andén de la línea 3 que me lleva a Embajadores para pillar la RENFE, porque después del día del Retiro, nos dimos el primer beso ahí. Y todas las semanas era así. Así empezábamos nuestras "semanas"...Sí, no me cortes, sé lo que vas a decir "¡Sólo era una relación más!" Ale ya lo he dicho yo por ti jajajajaja». Pero esa no era la respuesta de mi amigo... a decir verdad, su respuesta fue «No, no era eso lo que te iba a decir, sólo que eres un poco gilipollas, básicamente porque mientras que me has soltado toda la parrafada esa, no se te ha ocurrido decir que te has enamorado... ¡por primera vez!». Joder, es verdad... no me había dado cuenta. Supongo nunca me di cuenta de lo enamorada que estaba hasta que me lo han dicho... tal vez porque siempre he tenido miedo a decirlo. Pero ya no tengo miedo. Sí, te quiero... aún.

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