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En mi calendario ya tengo marcados los días que van sin tenerte a mi lado...
Y en mi piel tengo marcados tus labios...

10 feb. 2011

Caminar en sentido contrario


¿Te acuerdas? Caminaba en sentido contrario y te encontré de nuevo, pero al lado de otra persona, a quién podría haber odiado siempre. Pero es así como tenía que ser, o al menos eso debíamos pensar. Tú alejándote cada día más para no hacernos daño, para que me olvidase de ti aunque eso tuviera el inconveniente de sufrir inevitablemente, yo intentando sacarte de mi vida para siempre aunque pensé que el «siempre» se convertiría en «nunca», porque desde el primer beso deseé que fuera «siempre» y de tanto desearlo entonces no pude ni intentar lo contrario.

Recordar aquellas noches en las que no dormía por miedo a que te fueras, me abandonaras y dejaras a mi corazón hecho pedazos, pero resultó que fue una tarde cuando todo quedó suspendido en el aire, flotando. Ir a la cama pensando en ti, en que olvidaste darme las buenas noches ese día, en que al día siguiente despertarías y no tendrías mis ojos mirándote, ni mis manos sobre las tuyas, ni mis labios diciéndote que te querían. Todo mi yo hubiera sido tuyo siempre, aunque no quisiera, aunque no quisieras.

Promesas olvidadas. Olvidarse de aquella tarde en la que prometimos no contar el secreto de las gotas de lluvia, o la vez que te prometí bajarte una nube para que durmiésemos en el cielo, lejos del ruido, donde nadie nos encontrara. Todo perdido en la mirada de tu alma, que no me dejabas ver ya como antes, antes de terminarlo todo. Promesas que nunca volveré a decir a nadie porque sólo te pertenecen a ti, a ti que nada te di más que mi yo, mis promesas, mi amor.

Imaginamos entonces que no existía el tiempo ni el espacio. Que sólo estábamos tú, yo y nuestras ganas de querernos. ¿Me hubieras dicho que ya no podías estar conmigo? ¿Te hubieras atrevido a no mirarme a los ojos? ¿Hubieras sido capaz de negar que me querías? Yo creo que no hubieras podido, porque aunque no me mirases a los ojos, yo si lo hacía y veía que no podías, que tenías tantas ganas como yo de volver a caminar de tu mano, de dejar nuestros nombre en los árboles, de esos paseos que acababan en el portal de tu casa y un beso interminable. Si ni tiempo ni espacio hubieran existido, te habría tapado los ojos, te habría guiado hasta nuestro rincón secreto. Entonces te habría besado de nuevo y prometido no volver a alejarme nunca más de ti, que te habría llevado al país de la lluvia y susurrado al oído todos sus secretos para así alejarnos de todo aquello que nos hacía daño, empezar de nuevo, una vez más, pero para siempre, porque eso quería contigo, un «para siempre», un «eternamente», un «hasta nunca». Dejar de no dormir para cuidar tus sueños, a no dormir para hacerte el amor, darte hasta el último de mis alientos, regalarte mi vida y más. Pero todo se quedó en la imaginación y la no realidad que mató las ilusiones que un día construí contigo. De ahí que caminase en sentido contrario y te encontrara al lado de otra persona a quién yo podría odiar siempre.

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